Los hermanos maristas en México

Esta orden francesa fue fundada por el abate Marcelino Champagnat el 2 de febrero de 1817 para formar a hermanos catequistas. Su arribo a México se debió, como en otros casos, a las solicitudes realizadas por diferentes grupos de católicos que no encontraban en sus localidades quienes atendieran la educación de sus hijos. Las peticiones fueron encabezadas en 1881 por la familia De Regil, quien pedía maristas para las escuelas de Yucatán.

Sin embargo, entre los superiores de Francia había cierta reticencia para enviar a sus hermanos a un país en el que las leyes liberales los rechazaban; más las constantes súplicas de particulares, y aún de los obispos de las distintas diócesis, lograron convencerlos. México fue la última nación de América a la que llegaron los maristas. En sus memorias ellos se expresan así:

En nombre de la reivindicaciones sociales y[…] de la libertad, un puñado de jacobinos[…] atropelló a la Iglesia[…] Pero la divina Madre, […] iluminó y fortaleció., a los «desterrados por Combes», que inspiró a unos para que fuesen a «pelear por la patria en peligro» mientras a unos los mantuvo ante las casas de formación para salvar a la juventud marista mexicana y a algunos más, en unión con un buen número de hermanos españoles y […] mexicanos, corrieron el temporal, […] nuevamente pusieron manos a la obra.

Los taparlos de «la culta y muy cristiana sociedad de Guadalajara» no veían opción de educación cristiana para sus hijos, ya que sólo contaban con una preparatoria católica dirigida por los jesuitas; la educación elemental y media carecía de estas escuelas. Por ello pensaron que tal vez en «las viejas naciones cristianas de Europa» conseguirán maestros accesibles a la «clase media católica» a la que decían pertenecer. Para ello, se le encomendó al presbítero Luis G. Romo buscar en España, Francia o Italia a alguna congregación religiosa que abriera en Jalisco las escuelas con las características que deseaban. El presbítero llegó a Lyon, Francia donde visitó el Santuario de Fourviere y supo de la existencia de los hermanos maristas cuya casa general estaba en Genis-Laval, se trasladó al lugar donde fue recibido por el superior general, Hermano Theophane, a quien expuso la petición que llevaba desde México.

Para los maristas ésta representó una posibilidad muy adecuada ya que de cualquier manera saldrían expulsados de Francia. Veían en América y concretamente en las tierras del Anáhuac un trabajo misionero que parecía un reto. El 1 de julio de 1899 en el Normandie, zarparon del Havre. Los maristas llegaron a La Barca, Jal. hacia el 21 de julio donde fueron recibidos por Ramón Castañeda y Palomar y alojados en la casa de la familia Martínez Gallardo mientras conseguían una casa apropiada para establecer su escuela. Otros hermanos arribaron a Veracruz y para 1902 ya eran 74, de los cuales más de la mitad eran franceses y pertenecientes a la provincia de Saint Paul Trois Chateaux en el sur de Francia; los restantes eran españoles, aunque formados en la misma provincia francesa. En la primera expedición participaron el hermano Pedro Damián, que fungió como director. Le acompañaban del noviciado de Canet de Mar, (Cataluña), los hermanos Filogonio y Anselmo. El segundo contingente estuvo formado por los hermanos Tirso, José León, Tiburcio y Colombus (de Colombia), y otros tres hermanos más, Aranciao, Josías y Efren.
En poco tiempo los maristas abrieron su primera escuela, llamada Colegio de la Inmaculada Concepción, con sesenta alumnos, «aplaudidos por la sociedad y por la prensa».

En 1899 también llegaron a Yucatán cinco hermanos, quienes fueron recibidos por el Comité pro Colegio Marista, formado por «las más linajudas familias yucatecas». En Mérida se les asignó la escuela de San Rafael, que era sostenida por las conferencias de San Vicente y manejada por dos maestros seglares. Al llegar los maristas se inscribieron cien niños y en los siguientes años tuvieron un promedio de doscientos alumnos, repartidos en cuatro grupos. La escuela sostuvo otra nocturna para obreros que llegó a tener ochenta alumnos mayores de 18 años.

Al sur de la ciudad de Mérida ocuparon también una vieja fábrica de hilados y tejidos, donde establecieron la escuela de El Telar también sostenida por las Conferencias de San Vicente. La dirección de ésta estuvo a cargo del hermano Nahemías hasta 1906. Le siguieron el hermano Alain, el hermano Euphrosin (hasta 1909), el hermano Donato (hasta 1913) y el hermano Tirso (hasta 1914), cuando fue clausurada. En esta escuela destacaron los maestros franceses Clemente Re veisat, Marcelino T. Bonnet, al frente del taller de artes gráficas. El hermano Philomenes, quien montó un taller de ebanistería, y el hermano Paxenius, en herrería. Los alumnos eran internos; unos pagaban pensión y otros recibían becas de las mismas Conferencias. En esta escuela había talleres de carpintería, herrería, mecánica e imprenta.

También se hicieron cargo del único colegio católico para varones anexo al Seminario Conciliar de San Ildefonso, donde se impartía la enseñanza primaria y el bachillerato. Este colegio se fundó para «contrarrestar, en cuanto fuese posible, el positivismo de las escuelas oficiales» y estaba en manos de los padres paúles. Por conflictos con el seminario, esta escuela sólo operó con ellos hasta 1909. Los maristas abrieron en esta ciudad dos escuelas gratuitas: en tanto que el Colegio de la Inmaculada quedó bajo la dirección del hermano Antelmo Teysier. Los maristas señalan que la escuela se distinguió principalmente en matemáticas, inglés y francés. A fines de 1904 la capacidad del edificio era insuficiente para responder a la demanda por lo que fue preciso buscar un nuevo edificio.

Para 1908 el colegio quedó bajo la dirección de otro hermano francés, Louis Gausbert, quien se mantuvo en el puesto hasta que los hermanos fueron expulsados de la capital por las fuerzas del general Álvaro Obregón, en 1914.

En 1908 abrieron la Escuela de la Purísima Concepción en Cocula, Jalisco, dirigida por el hermano Victoriano Martínez, quien tuvo como ayudantes a los hermanos Adalbert y Serapien. Este último tema aficiones científicas y se interesaba por obtener el «movimiento perpetuo» [sic], lo que obviamente no logró. Sin embargo, tras mucha experimentación fabricó un mecanismo para extraer agua de un canal que atravesaba la propiedad de los religiosos y logró llevasr el líquido y así pudo regar árboles y hortalizas. Este invento fue copiado por varios horticultores de la localidad. En 1914 los carrancistas cerraron el colegio y los hermanos fueron desterrados.

Otras escuelas yucatecas fueron: la del Sacratísimo Corazón de Jesús, gratuita, destinada a la educación popular fundada con aportación de los herederos de Rafael de Regil en 1901. Aquí trabajaron los hermanos Damián Bellon (padre Bertulle) y Narciso du Confin (Marie Nizier). El colegio católico de Santa Ana fue fundado a iniciativa del párroco del lugar, Enrique Pérez Capetillo quien encargó a los maristas la escuela parroquial. La edificación se llevó a cabo gracias al apoyo del Comité Pro Escuela, integrado por Pedro Escalante y Alfonso Auilloud, agente consular de Francia en México. Los primeros directores de esta escuela fueron los hermanos Odonis y Gauselin. El Colegio Católico de Motul fue patrocinado por la Señora. Joaquina Peón y Peón y funcionó como escuela parroquial. Sus directores fueron el hermano Lambert, el hermano Astian, (Agustín Duserre) y el hermano Filogonio. En Valladolid Yucatán, fundaron la escuela de San Luis Gonzaga de la que se dice perdió gran número de alumnos a causa del maderismo. Otras escuelas con menores referencias fueron las de Maxcanú, la de la Sagrada Familia en Espita y la de Ticul (1907).

En la entidad de Campeche se abrió la Escuela Libre de Campeche y en Tehuantepec el Colegio de San Luis Gonzaga. También Chiapas tuvo su escuela en San Cristóbal de las Casas, dirigida por Pedro Damián, Felipe Florent y Nazario Arnaud. En Tabasco abrieron el Colegio de San Juan Bautista.

Su labor se extendió a Zamora donde un «comité» solicitó a los hermanos se hicieran cargo de la Escuela de Artes y Oficios de la Sagrada Familia (1901). Ahí trabajaron los hermanos Armance, Benoit Joseph y el novato Laurentin Dupont. Paralelamente a esta escuela se abrió una otra gratuita atendida por el hermano Anacleto María quien recurrió al antiguo sistema lancasteriano. En su auxilio enviaron al hermano Remeze, también un joven francés.

Cotija también tuvo sus días de prosperidad y sus habitantes aprovecharon para dar a sus hijos educación y carreras liberales. Los maristas llegaron a esta población a instancias de don Emilio Guízar Valencia y de don José María Mendoza González quienes solicitaron al provincial una escuela. En 1903 tres hermanos fueron enviados a la casa cedida como escuela. Ésta tuvo una sección gratuita y otra que no lo era. El Instituto Marista cerró en 1908, pues mientras la parte gratuita crecía, la de paga vivía un proceso adverso, de manera que los hermanos ya no pudieron sostenerla.

En Uruapan «los cristianos no creyeron que fuese suficiente con protestar […] contra los desmanes de los masones. Era necesario instruir al pueblo, educarlo en la religión de sus padres, para que las tropelías que todos lamentaban no se repitieran». Cuatro hermanos se encargaron de la escuela que creció hasta que el maderismo obligó a las familias que la sostenían a emigrar a sitios más seguros.

También Sahuayo tuvo su escuela en 1905, con ayuda de los hermanos Louis Donateur, Marie Fidele, Leoncius y Valerio que se encargaron del colegio «de paga» y el hermano Victoriano de la sección gratuita. Este colegio se clausuró debido a problemas con el clero del lugar y con el pueblo, que en un hecho singular se dividió en dos bandos; dado que no se pudo llegar a ningún acuerdo fue cerrado en 1908.

En el Bajío, los maristas abrieron escuelas en León e Irapuato. La primera fue a solicitud del obispo del lugar, monseñor Leopoldo Ruiz y Flores, quien les donó un edificio proyectado para una gran escuela de artes y oficios. Esta escuela recibió el nombre de Instituto Sollano (1903) y tuvo alrededor de 200 alumnos, internos y externos. Dicho colegio sobrevivió hasta 1914, fecha en que el edificio pasó a ser la Escuela de Medicina de la Universidad Estata. El Instituto Guadalupano de Irapuato (1903) también fue auspiciado por el obispo Ruiz y Flores, con la ayuda de los padres de familia que adquirieron el edificio a prorrata. El colegio no contó con directores adecuados, aunque los maristas culparon a los «malos freseros», «que habían supuesto que el Instituto Guadalupano jamás podría tener alumnos: [con] maestros extranjeros, textos anticuados, sacerdotes a medias […] ¿Qué se puede esperar de tal institución?» Los maestros fueron continuamente reemplazados, uno de ellos «un maestro a medias que ni a medias llegaba […] Más le interesaba el teatro que el estudio». Sin embargo, con la ayuda del nuevo obispo, Valverde y Téllez, el colegio funcionó hasta 1913 fecha en que se clausuró.

La ciudad de México tuvo su primera escuela marista en 1901, bajo los auspicios del arzobispo Próspero María Alarcón y Sánchez de la Barquera, quien se ofreció a sufragar los gastos de instalación de los hermanos mientras no tuvieran entradas propias. Se ubicó en las calles de Balvanera número 5, hoy República de Uruguay, lugar «estrecho, obscuro, maloliente e incómodo». Esta escuela recibió el nombre de Colegio Comercial de San Luis Gonzaga (comúnmente conocido como de la Perpetua por la calle en que se instaló posteriormente). El primer día se presentaron dos alumnos, quienes al darse cuenta de que todas las clases eran en español, no regresaron. Seguramente esperaban, como era lo habitual de la época, que varias de ellas fueran en francés.
Visto a la distancia los maristas consideran que el sitio escogido para esta escuela fue lo que dificultó su desarrollo, pues las familias no aprobaron el emplazamiento de la misma. La intención del director era insertarse en un medio popular que resultó inapropiado para el tipo de clientela que los buscaba. En 1904 se trasladó al edificio que le proporcionó el obispo; el Palacio Episcopal (Antiguo Palacio de la Inquisición) y, finalmente, ahí empezaron a crecer. El colegio aumentó en forma notable su población escolar por lo cual los hermanos decidieron que las hermanas de la Providencia de Gap se hicieran cargo de los grupos de párvulos y del primer año de primaria, que juntos sumaban 130 alumnos.

El auge del San Luis promovió la creación de una nueva escuela. Esta se situaría definitivamente en la calle de Puente de Alvarado, en una casa muy grande que albergaría la escuela y la residencia de los hermanos. Esta escuela también creció hasta la caída de Victoriano Huerta. Esta fue quizá la de mayor renombre, sobretodo por sus maestros ilustres como los hermanos John o Annobertus, Louis Azema, Paul Allemand, Jude Blanchart, Leónida Garrigue y Agustín Anfossi -destacado sobre todo por su texto de matemáticas que fue utilizado en varias escuelas hasta hace muy pocos años-.

Otro colegio capitalino fue el Colegio Luz Saviñon, fundado y sostenido por un patronato con el mismo nombre que estuvo primero en manos de los padres paúles. En esta escuela, los alumnos eran medio internos y becados. Pronto se abrió una escuela contigua sólo para externos.

Por el rumbo de Tlalpan, los hermanos se hicieron cargo del asilo Patricio Sinz, fundado por los esposos Sánz, orfanatorio que sólo recibía a quienes tuvieran «una excelente recomendación y se escogía solamente a los que eran huérfanos de padres y de familias muy honorables que habían venido a menos por alguna circunstancia» Por consiguiente, era éste un orfanatorio para «gente de alcurnia». Esta escuela fue muy útil para que los hermanos aprendieran el español gracias al contacto cotidiano con los niños.

Cuentan ellos de una visita que hicieron al presidente Porfirio Díaz, «que los recibió con suma complacencia. Se interesó vivamente por el estado de las obras maristas de México y los alentó para que fundaran más y más escuelas: mientras más, mejor. ¡La Nación las necesita!»

Colegio francés de preparatoria Morelos. Los problemas acarreados tanto por la salida de maestros franceses que se iban para defender a su patria, como el triunfo de la Revolución carrancista en 1914, provocaron la clausura de muchas escuelas particulares en México. Sin embargo, los maristas hábilmente cambiaron el nombre de sus escuelas por Colegio Francés.

Varios colegios más abrieron los maristas en el país, como el de Cuernavaca (1902), el colegio Guadalupano de Tulancingo (1903), con ochenta alumnos que pagaban sus cuotas y 150 que concurrían gratuitamente y el Instituto Científico de la Sagrada Familia de Monterrey (1905). Este colegio se abrió a petición de los padres de familia apoyados por el obispo Santiago Garza Zambrano. Cerró cuando el general Antonio I. Villarreal tomó la ciudad de Monterrey y dispuso se cerraran todas la iglesias y establecimientos religiosos.

En cuanto a la educación superior, en general, las escuelas maristas únicamente proporcionaban carreras cortas, como teneduría de libros, contaduría, secretario bilingüe, etcétera, pero los padres de familia pedían la preparatoria para que sus hijos pudieran continuar a una educación universitaria. La primera se abrió en 1912 con el nombre de Colegio Francés. Al año siguiente la preparatoria tuvo 55 alumnos, hasta 1914 en que varios de los maestros franceses salieron de México con motivo de la Primera Guerra Mundial para defender a su patria. A pesar de las dificultades el colegio continuó y para 1918 se construyó un segundo piso al edificio del Antiguo Palacio Arzobispal, ubicado en la calle del Relox núm. 32, hoy República de Argentina.

Referencias:

  • Los hermanos maristas en México. Primera etapa: Los pioneros (1899-1914), México, Editorial Progreso, 1977.
  • Los hermanos maristas en México. Segunda etapa: La lucha y la libertad, México, Editorial Progreso, 1982.